miércoles, 6 de marzo de 2019

EN UN BAR DE MADRID

Un corazón de lana y acero comenzó a latir rítmicamente. Era una mezcla de fuego y barro que palpitaba en mis manos. Su respiración se hacía cada vez más densa, como líquida. La música de los estopa lo inundaba todo y yo bebía cerveza, como si no hubiera un mañana.  El calor de la tarde nos había bajado la tensión y mi mano por debajo de la mesa se movía para que el barómetro no bajara en exceso. Sus muslos tibios, su boca como una delicia de fresa  y bajo su camiseta apretada, dos pezones de miel. En la cumbre, el centro del universo libre, sin barreras ni armaduras.

© Gaelia 2019

  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

EN EL SILLÓN DEL DENTISTA

No había flecha que le pudiera hacer daño. Estaba acostumbrado a comentarios de todo tipo. Los punzantes eran los que más gracia le hacían. ...