Dígale, agente, que no tuve más remedio que matarle. Así acababa mi segunda novela. No me parecía un buen final, después de haber planificado todos los detalles. Creía que el protagonista iba a escapar de las garras de la banda y de la policía aunque dicen que los finales inesperados, son los mejores. La novela empieza como cuando subes a un autobús equivocado. Crees que conoces el camino, los personajes, los capítulos, los enigmas y secretos, pero finalmente son las manos al teclear quienes te llevan al destino final. Yo marqué la tarjeta multiviaje con destino a Buenos Aires y el final de ese autobús estaba en Brooklyn.
© Gaelia 2020

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