En qué momento de la educación de su niña habían empezado a equivocarse. Eso era la que se preguntaba Galo Aguilar mientras conducía su viejo Nissan. Después de todo, ellos se habían dejado el alma y la mitad de su reducida nómina en aquél colegio de la parte alta de la ciudad. Aguilar se había convertido en un saco de huesos y alcohol y Lola, a su lado, un bellezón que cada día estaba de mejor ver. Llevaba consigo la Walther P99 por si era necesario tirar de pistola. La niña se casaba con un traficante y él se disponía a evitarlo.
Gaelia 2015
martes, 29 de diciembre de 2015
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