En esa casa no vive Mizuki Tanaka desde hace años. En ella pasé los
largos veranos de mi infancia, junto con muchos de los niños que
crecimos en el Hogar. Mizuki fue la idea de la felicidad en nuestra
orfandad; la madre que nos arrebató la vida, la diosa de la bondad.
Ibamos hasta la playa y pescábamos por las tardes. Por la noche las historias de miedo, el fuego
y los juegos alrededor de él nos colmaban de alegría. Mizuki se nos fue un día sin avisar, sin hacer ruido. Para mí,
Mizuki siempre vivirá en la casa de mi infancia; en mi patria.
Gaelia 2016
jueves, 19 de mayo de 2016
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