El armario donde acababa de encerrar a su muñeca, era donde dejaba aquellas cosas que le ayudaban a vivir mejor. Se aferraba a aquél lugar oscuro que se hallaba empotrado en la pared de su habitación. Llegó a pensar que dentro del armario algún duende se escondía y cuidaba su casa. Había experimentado esa sensación que todos hemos tenido cuando encontramos la despensa llena, la cocina recogida o las camas hechas, sin saber cómo ha ocurrido. Desde que la muñeca vivía encerrada, ruidos extraños y carcajadas habían invadido el armario, su habitación y sus noches. Podía estar tranquila.
Gaelia 2017
jueves, 2 de febrero de 2017
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