martes, 24 de junio de 2025

EN EL SILLÓN DEL DENTISTA

No había flecha que le pudiera hacer daño. Estaba acostumbrado a comentarios de todo tipo. Los punzantes eran los que más gracia le hacían. Decía que la anestesia no podía malgastarse en arrancar una muela o matar un nervio a un recluta. A pesar de nuestras quejas, aquella bestia matasanos, introducía el fórceps y hacía lo que tenía que hacer, con su media sonrisa, su aliento fétido y sus dientes de oro. El día que me tocó ir a su consulta, le rogué que usara algún tipo de calmante antes de manosearme la boca. No lo hizo. Saqué la pistola, la monté y le volé la cabeza.






No hay comentarios:

Publicar un comentario

EN EL SILLÓN DEL DENTISTA

No había flecha que le pudiera hacer daño. Estaba acostumbrado a comentarios de todo tipo. Los punzantes eran los que más gracia le hacían. ...