No había flecha que le pudiera hacer daño. Estaba acostumbrado a comentarios de todo tipo. Los punzantes eran los que más gracia le hacían. Decía que la anestesia no podía malgastarse en arrancar una muela o matar un nervio a un recluta. A pesar de nuestras quejas, aquella bestia matasanos, introducía el fórceps y hacía lo que tenía que hacer, con su media sonrisa, su aliento fétido y sus dientes de oro. El día que me tocó ir a su consulta, le rogué que usara algún tipo de calmante antes de manosearme la boca. No lo hizo. Saqué la pistola, la monté y le volé la cabeza.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
EN EL SILLÓN DEL DENTISTA
No había flecha que le pudiera hacer daño. Estaba acostumbrado a comentarios de todo tipo. Los punzantes eran los que más gracia le hacían. ...
-
No había flecha que le pudiera hacer daño. Estaba acostumbrado a comentarios de todo tipo. Los punzantes eran los que más gracia le hacían. ...
-
A mí me parecen manchas de rotulador , me repetía. Era día de cierre y la conexión en casa es más lenta que en la oficina, así que toda mi...
-
Y se ríe, sin poder evitarlo. Es la tercera vez que acude a una llamada como aquella en los últimos dos meses. Chica rubia, guapa, p...
No hay comentarios:
Publicar un comentario