El municipal escapaba a toda prisa al final del capítulo.
Despavorido, desencajado, dejaba ir su cuerpo de hipopótamo cuesta abajo
hacia ningún lugar. Los chavales le gritaban la palabra maldita:
telerriba. Fue como una puñalada de luz en aquellos veranos de arrabal,
de extrarradio, de asfalto, del nacimiento del caballo y del mono. Ahora
y como se suele decir, Telerriba es el único que se alegra cuando llego
a casa por las tardes, cuando nadie me dice hola, cuando nadie me mira.
El pequeño Telerriba mueve su cola, ladra y salta sin control.
@Gaelia 2016
domingo, 7 de agosto de 2016
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
EN EL SILLÓN DEL DENTISTA
No había flecha que le pudiera hacer daño. Estaba acostumbrado a comentarios de todo tipo. Los punzantes eran los que más gracia le hacían. ...
-
No había flecha que le pudiera hacer daño. Estaba acostumbrado a comentarios de todo tipo. Los punzantes eran los que más gracia le hacían. ...
-
A mí me parecen manchas de rotulador , me repetía. Era día de cierre y la conexión en casa es más lenta que en la oficina, así que toda mi...
-
Y se ríe, sin poder evitarlo. Es la tercera vez que acude a una llamada como aquella en los últimos dos meses. Chica rubia, guapa, p...

No hay comentarios:
Publicar un comentario