jueves, 8 de diciembre de 2016

JUBILACIONES



El otro, hombre o mujer, siempre muerto, es lo que tenía que conseguir. Debía ser de madrugada y sin testigos. Su víctima, un tren corriente, sin un motivo concreto que le llevara a elegirlo. En su sala, controlando los monitores de la línea de mercancías, después de cuarenta años de servicio, era lo que necesitaba para que recordaran que allí había estado sufriendo precariedad, mal pagado y pendiente de un ascenso que jamás llegó. En su última noche como controlador ferroviario, cambió las agujas del cruce de San Ramón. Sonriendo, se detuvo ante el monitor y vio cómo el tren correo tomó la fatídica vía muerta.

Gaelia 2016




No hay comentarios:

Publicar un comentario

EN EL SILLÓN DEL DENTISTA

No había flecha que le pudiera hacer daño. Estaba acostumbrado a comentarios de todo tipo. Los punzantes eran los que más gracia le hacían. ...