jueves, 3 de enero de 2019

MASCOTAS


Ordenó sin pestañear que lo atiborraran a hemicraneal a deshoras, que le dieran manzanas llenas de gusanos o que lo sumergieran en un cubo de agua cuando su zumbido inundara la salita y le despertara.

Cuidaba de su tamagotchi con fascinación para tenerlo listo el sábado por la mañana; sano y sin mácula hasta la hora de la siesta, hasta que su padre se retiraba a la salita, encendía el televisor y se ponía a dormir. Era entonces cuando dejaba el tamagotchi sobre una mesita y cerraba la puerta, tal como quería su madre.

© Gaelia 2019




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