lunes, 5 de septiembre de 2016

EL ÚLTIMO ASALTO


El masajista no tardó en reconocer aquel lunar bajo la nuca. Siguió con la terapia marcada por el Capitán médico. No debía entrometerse, pensó. Mejor mirar para otro lado. Sabía que aquello no era una bendición del cielo. Más bien lo contrario. El mal del averno se filtra por la piel en el campo de batalla, en el en el interior de los carros, en los restos de munición sobre las manos. Acabó con la sesión de rehabilitación y firmó el alta del soldado. Disponible para el servicio, rezaba el informe. Disponible para el asalto al último reducto del enemigo. Disponible para morir

Gaelia 2016




domingo, 4 de septiembre de 2016

CÁNCER DE HUESOS


El cáncer empezaba a atenazarle los huesos. Le carcomía la piel, las entrañas. Dieciocho años en la trena habían hecho del Pelao un despojo, un saco de huesos y dolor. Antes de que todo acabara para él, decidió poner fin a aquél sufrimiento. Aquél maldito hijo de perra pagaría por lo que había hecho. El mataniñas, el chulo, el chota, el mamón, el provocador. El ser más despreciable que existía sobre la tierra, dejaría su sangre en un charco del sucio patio del penal de Topas. El mataniñas había sabido crear su reino y se sentía seguro. Paseaba con sus dos colegas, fumando tabaco rubio. El Pelao se dirigió a ellos con aire desafiante. Cuando llegó a su altura, uno de los colegas del mataniñas, sacó algo de su bolsillo y se lo entregó a escondidas. Era un pincho de cinco centímetros. Lo cogió y dando un salto sobre el mataniñas, le clavó el pincho en el cuello descuartizando la yugular y provocando un reguero de sangre. Una risa desgarradora se oyó en todos los rincones de la prisión. El mataniñas no pudo contarlo y el Pelao solo pudo hacerlo durante seis meses.

Gaelia 2016





domingo, 28 de agosto de 2016

EL FANTASMA DEL MORROT



Entraron varias llamadas en la central. Nos alertaban que un ciclista circulaba por la  Ronda del Litoral, en dirección Llobregat. A las once de la noche, la zona indicada por los automovilistas se halla muy mal iluminada y si no lo impedíamos, todo apuntaba a tragedia. Salimos con el coche patrulla. Llegamos en unos minutos y todo parecía normal, no vimos ningún vehículo extraño, ni nadie por el arcén. Dimos la vuelta en el primer lugar que pudimos y volvimos sobre nuestros pasos. Nos adentrarnos nuevamente en la Ronda Litoral dirección Llobregat. Luces de coches, calor nocturno y poco más. Pensé que estábamos ante un nuevo caso del fantasma del Morrot. De vez en cuando teníamos noticias sobre algún peatón o ciclista que andaba sin rumbo por aquel lugar inhóspito. Una nueva batida con el coche patrulla, esta vez con salida por Can Tunis, pero nada. Terminó el turno sin sobresaltos. Llegué a casa y me metí en la cama. Una hora más tarde me despertó una llamada de la central. Alguien encontró un cuerpo y una bicicleta  en el arcén de la Ronda, a la altura del Morrot. Suspiré y con voz cansada conteste: voy enseguida.

@gaeliadeideas 2016



domingo, 7 de agosto de 2016

VERANO AZUL

El municipal escapaba a toda prisa al final del capítulo. Despavorido, desencajado, dejaba ir su cuerpo de hipopótamo cuesta abajo hacia ningún lugar. Los chavales le gritaban la palabra maldita: telerriba. Fue como una puñalada de luz en aquellos veranos de arrabal, de extrarradio, de asfalto, del nacimiento del caballo y del mono. Ahora y como se suele decir, Telerriba es el único que se alegra cuando llego a casa por las tardes, cuando nadie me dice hola, cuando nadie me mira. El pequeño Telerriba mueve su cola, ladra y salta sin control.

@Gaelia 2016




 

EN EL SILLÓN DEL DENTISTA

No había flecha que le pudiera hacer daño. Estaba acostumbrado a comentarios de todo tipo. Los punzantes eran los que más gracia le hacían. ...