Entre
mis congéneres hay una dura competencia por llegar a ser un lomo de atún en
bote de cristal. Yo me lo he propuesto desde pequeño y siempre he intentado
seleccionar mi alimento para no engordar demasiado y estar muy grasiento. Hoy ha
llegado el gran día en que me dejaré pescar por algún atunero vasco, pues he
llegado a una edad en la que a uno ya no le divierte casi nada. Algunos amigos
me dicen que este año quieren ir al mediterráneo porque allí hay unas atunas
muy bonitas, pero yo, qué quiere que le diga, estoy empeñado en convertirme en
un hermoso bote de lomos de atún, así que aquí estoy esperando que caiga algún
anzuelo de los que a mí me gustan. Un día me dijo un amigo que pasaba por aquí
en su camino hacia Mallorca, que a su hermano
gemelo lo convirtieron en cientos de latitas con aceite vegetal, ni tan
siquiera lo echaron aceite de oliva; y con la claustrofobia que debe dar estar
ahí encerrado sin ver la luz, ¡qué horror!. Bueno, ya oigo el ruido de los
motores de los barcos, por lo que me voy a buscar un buen cebo. Si me ven en alguna ensalada, no se olviden de saborear todo lo bueno de un buen atún.
martes, 6 de octubre de 2015
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