Cuando se prendieron las cortinas de la cocina, fue cuando cayó la botella sobre la pileta. Llevaba años
sobre el viejo armario, con su mensaje de papel en el interior. Nuestra madre
nos tenía prohibido tocarla y nosotras nunca osamos abrir el corcho y
leer la nota. La botella llegó a nuestra casa tiempo después de que mi padre
desapareciera en el mar, llevado por una galerna. Durante meses mi madre acudió
a diario a la playa esperando algún vestigio, alguna señal. Un día llegó a casa
borracha, con la botella y su nota enigmática. Aquel día, entre cristales, supimos que nuestro padre algún día volvería.
Gaelia 2016

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