Poco antes de que los
domingos fueran amargos, experimentó por primera vez con aquella
sustancia del Edén y supo que ese momento sería su frontera entre el cielo y el
infierno. Ascendió por momentos y contactó con los espíritus del más allá
que le dijeron que su destino había cambiado. La manzana del paraíso lleva
consigo el veneno de la transformación, del instinto animal. El elixir alcanzó los
últimos poros de su cuerpo y es en domingo cuando sus piernas y brazos se
encogen, su cuerpo evoluciona, su cabeza se reduce y se encierra en su
alcoba. Gregrorio Samsa se convierte en el eslabón hacia lo salvaje.
Gaelia 2016

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