Al otro lado de
la ventana es donde sucede lo que no veo. Mi compañero de habitación tiene la
suerte de acercarse y contarme cómo los niños levantan cometas, mientras sus
madres hablan tranquilamente sentadas en el banco del parque. Me dice que
también hay muchachos que juegan al voley en la playa. A veces, hemos oído
algún frenazo con atropello incluido y eso nos aterroriza y nos angustia.
Por la tarde llegan las auxiliares, me colocan las dos prótesis en lo que
me queda de piernas y me llevan a la sala de rehabilitación. Después de diez
meses, he conseguido dar los primeros pasos.
Gaelia 2016

No hay comentarios:
Publicar un comentario