¿Me oyes?. Se dijo
mirándose al espejo.
Me he olvidado de ti, de las cadenas que me ataban a tu
vida. A todo lo que juntos construimos. A tus promesas de jugador de cartas.
Siguió mirándose al espejo. Agarró un toallita
desmaquilladora y fue arrastrando la pintura, la base, el contorno y la laca de
ojos. Se sacó la dentadura, la peluca, las pestañas postizas y la poca juventud
que le quedaba. Lavó su cara con agua y jabón.
Levantó la cabeza y no pudo más que arrancar a llorar.

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