lunes, 4 de enero de 2016

PEDAZOS DE MUERTE


Por qué demonios sus dueños los han abandonado en ese inhóspito lugar” fue lo que se preguntó Galo Aguilar al mirar por la ventanilla derecha del viejo Nissan. Allí, aparcado en el callejón sin salida de la lujosa urbanización, a esas horas de la madrugada. La luz mortecina de la farola daba un ambiente azulado que le invitaba a cerrar los ojos. Después del expediente que le había caído por haber usado la Walther 99 sin demasiados reparos, se veía en la necesidad de hacer trabajos para una agencia que le pagaba los controles a 20 euros la hora. Llevaba horas frente a la casa y no pasaba nada, no salía el maldito Ferrari que les conduciría al centro de la organización. Sacó de la guantera la petaca rellena con un detestable matarratas, que le ayudaba en las interminables horas de tedio. Había llegado a las cinco de la mañana sin ninguna novedad, aparte de dos peleas de gatos y los bultos frente al contendor de las basuras. Salió del Nissan, se acercó para ver qué contenían aquellsa bolsas. Pateó una, pateó la otra, las abrió y comprendió por qué el Ferrari no había salido del garaje.

Gaelia 2015.


martes, 29 de diciembre de 2015

SECRETO DE SUMARIO

En qué momento de la educación de su niña habían empezado a equivocarse. Eso era la que se preguntaba Galo Aguilar mientras conducía su viejo Nissan. Después de todo, ellos se habían dejado el alma y la mitad de su reducida nómina en aquél colegio de la parte alta de la ciudad. Aguilar  se había convertido en un saco de huesos y alcohol y Lola, a su lado, un bellezón que cada día estaba de mejor ver. Llevaba consigo la Walther P99 por si era necesario tirar de pistola. La niña se casaba con un traficante y él se disponía a evitarlo.


Gaelia 2015



miércoles, 2 de diciembre de 2015

DESDE LA VENTANA INDISCRETA

La besa con suma conciencia para no equivocarse, para no desvelar el secreto de su presencia. Ella se entrega al baile lascivo de su visitante, sin importarle el antro adonde le había llevado.

-Quiero otra copa, quiero que no te vayas, quiero sentir tu fuego. Dámelo y haz conmigo lo que quieras.

No se preocupe la señora. Tendrá todo lo que quiera tener. Solamente quiero que mires hacia la ventana. Siento lo que te doy porque voy a cobrar el doble. Mira la luz. Cierra los ojos. Date la vuelta y échate el pelo para atrás. Las fotos valdrán una fortuna.

Gaelia


lunes, 16 de noviembre de 2015

LOCURAS




Abandonan, primero uno y luego el otro, la habitación del hotel. La luz de la tarde invade el pasillo que les lleva hasta la zona de ascensores. Málaga llena sus sentidos desde el cuarto piso de un hotel del centro. Se han amado lascivamente, como cuando tenían veinte años y apenas se conocían, como ya no pensaban hacerlo jamás. Se han besado como lo hicieron cuando eran niños, sin casi verse en la penumbra de la habitación, acordando tácitamente los excesos de un amor contenido en un frasco de perfume francés. María Zambrano les despide con una leve sonrisa, una canción de otoño y un aluvión de recuerdos.

Gaelia 2015



miércoles, 7 de octubre de 2015

COLECCIONISTA DE RELOJES





Se me acercó López Lozano contándome una anécdota sobre el último partido del Betis. Estuvimos discutiendo amistosamente sobre si la jugada de Denilson en el área del Athletic Club fue o no fue penalti. Sin llegar a un acuerdo sobre la cuestión, me enseñó un reloj de esos que él suele coleccionar.  Aparte de mechero, el reloj era un artilugio que una vez pulsadas las coordenadas oportunas se convertía en trampa para visitas inoportunas o pesadas. Iba acompañado de un felpudo especial que debía ponerse en la entrada de la vivienda en cuestión. Debajo de ese felpudo se escondía un agujero que te llevaba al pozo ciego más cercano al domicilio en cuestión. Sólo hay que ojear a través de la mirilla de la puerta y pulsar las coordenadas del reloj; si el capullo que hay detrás es una visita indeseable, el felpudo se abre como si se tratara de una trampa para elefantes, llevándole a hacer el viaje sin necesidad de haber comprado billete.

Gaelia 2002




EN EL SILLÓN DEL DENTISTA

No había flecha que le pudiera hacer daño. Estaba acostumbrado a comentarios de todo tipo. Los punzantes eran los que más gracia le hacían. ...